Emili Villaescusa, Presidente de la Confederació de Cooperatives de la Comunitat Valenciana

1. ¿Cómo ha afectado la pandemia del COVID-19 a tu organización? ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta?

Concoval es una entidad de carácter asociativo que representa a las empresas cooperativas y ejerce una actividad fundamentalmente institucional. De modo que esta pandemia no nos ha afectado demasiado a nivel de desempeño, puesto que hemos podido derivar a teletrabajo gran parte de la actividad, aunque obviamente esta actividad se ha visto muy alterada: no hay actos públicos, el número de reuniones ha disminuido drásticamente… Pero, por contra, estamos teniendo que gestionar la descomunal cantidad de información que está circulando estos días y toda la producción normativa que se dicta casi a diario. En este maremágnum hay que seleccionar, procesar y trasmitir de la manera más didáctica y sensata posible la información que es de mayor interés para las cooperativas. Además, hemos de estar muy atentos a las necesidades de las cooperativas para trasladarlas donde convenga y que se traduzcan en medidas correctoras o compensatorias, o en modificaciones temporales de normas que en estos momentos no tienen sentido. En definitiva: paradójicamente, tenemos más trabajo del habitual.

En cuanto a los retos, el principal desafío al que se enfrenta nuestra organización, y es algo que se ha visto muy claramente en estas últimas semanas, es la participación institucional. Si las cooperativas no estamos en el diálogo social, nuestras empresas se resienten. Se han celebrado encuentros relativos a cuestiones que afectan muy directamente a las cooperativas, como por ejemplo el transporte, y se han celebrado en ausencia de las cooperativas ¿A quién beneficia eso? Estamos en el siglo XXI, pasando una pandemia que nos deja imágenes de película de ciencia ficción, pero seguimos empeñados en abordar el interés público con un modelo de diálogo social que parece sacado de un episodio de Cuéntame (pero de los primeros).

 

2. ¿Crees que tu sector empresarial, el gobierno y/o la sociedad civil debe realizar alguna acción en especial para paliar los efectos de esta crisis a medio y largo plazo?

Todavía estamos en tiempo de emergencia y con muchas incertidumbres. Es arriesgado hacer pronósticos: es tiempo de ser humildes, confiar en nuestros gobernantes, arrimar el hombro y transmitir un mensaje de razonable serenidad, porque esto pasará. Es difícil estos días no caer en los tópicos y no repetirnos, pero todos deberemos contribuir, cada cual en la medida de nuestras posibilidades, a paliar las consecuencias de la crisis, que no es solo sanitaria sino también económica, y habrán de realizarse acciones especiales por supuesto.

Particularmente pienso que, cuando todo esto pase, las cooperativas hemos de ser parte de la reconstrucción y la economía social debería ser el socio preferente de los gobiernos para ejecutar las políticas de recuperación. Creo que deberíamos asistir a un impulso de la colaboración público-privada a través del cooperativismo, que es la forma más genuina de integrar los intereses económicos y sociales.

Lógicamente, los efectos de la crisis se sentirán también en el cooperativismo. Se están sintiendo ya: no somos ajenos a los ceses forzosos de actividad en muchas de nuestras empresas ni a las regulaciones temporales de empleo. Pero confiamos en que, igual que ha ocurrido en crisis anteriores, también de ésta el cooperativismo salga a la larga reforzado. La mayor capacidad de resistencia y de sacrificio de las cooperativas está avalada por la historia y por las cifras: los datos de la EPA y del Ministerio de Trabajo y Economía Social revelaron que, en los periodos más duros de la anterior crisis, de 2009 a 2013, en el sector privado el empleo cayó un 18,5% y en el sector cooperativo un 8%, diez puntos menos. Eso, sin duda, pone en evidencia que las cooperativas hicieron ajustes voluntarios tanto de plantilla, a través de pactos, como de reducción de jornada o salario, intentando mantener el máximo número de puestos de trabajo. Y lo consiguieron, igual que lo conseguirán esta vez.

 

3. ¿Cómo crees que será el escenario posterior a la crisis? ¿Cambiará el tipo de relación con tus empleados, clientes, proveedores, y el resto de grupos de interés?

Si hay un tiempo para la ética y la responsabilidad es éste. Y el escenario de los próximos meses las exigirá aún más si cabe. Esta crisis acabará por retratar con claridad muchas cosas. Y ojalá seamos capaces de entender que esos retos globales que tenemos como humanidad, esos objetivos de desarrollo sostenible identificados en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, que tan abstractos nos parecen a veces, nos están hablando en realidad de supervivencia y de dignidad como especie. Y eso está muy por encima de cualquiera de las miserias y las vanidades que nos están enfermando como humanidad. Nuestro mensaje, cooperativo por definición, es que solo unidos en un mismo propósito podremos alcanzar unos objetivos tan ambiciosos como necesarios.

 

4. ¿Qué acciones ha llevado a cabo tu organización para ayudar a los más vulnerables en estos momentos?

Las cooperativas valencianas están haciendo un gran trabajo en favor de la comunidad para facilitar el necesario confinamiento de la mayoría de la población, atender a los colectivos vulnerables y hacer que el impacto de esta crisis sanitaria en nuestras vidas sea un poco menos traumático. Están mostrando una vez más su inquebrantable compromiso con el territorio y con los grupos más desfavorecidos de la sociedad. Hay muchísimos ejemplos de ello: supermercados abiertos y con gratificaciones extraordinarias para el personal más expuesto; almacenes que no paran la producción de frutas y verduras para que podamos mantener nuestras despensas llenas y que contribuyen además con donaciones de alimentos; maquinaria agrícola que ayuda en la desinfección de las calles; máquinas de coser zapatos fabricando mascarillas a destajo; camioneros que aseguran el abastecimiento de toda clase de productos a familias y empresas; créditos blandos y anticipo de prestaciones sociales; atención a mayores y personas dependientes en condiciones durísimas y supliendo en muchos casos el papel de las familias; profesionales de la limpieza trabajando en una especial desinfección de supermercados, hospitales y centros de trabajo para que cada mañana, cuando se levanta la persiana, los trabajadores y clientes entren a un entorno lo más seguro posible; reparto de productos a las farmacias; donación de juguetes; educación a distancia; e incluso, tristemente, fabricación de arcas fúnebres en dobles turnos.

Esto pasará, pero será bueno que recordemos cómo han actuado esas pequeñas y grandes cooperativas de las que somos socias más de dos millones y medio de personas en la Comunitat Valenciana. Cooperativas que estas semanas nos están dando, una vez más, una lección de solidaridad. Y no estamos diciendo que la solidaridad sea un patrimonio cooperativo: afortunadamente, no lo es. Pero debe reconocerse la iniciativa de quienes están dejando en un segundo término su interés económico para ayudar a la sociedad.

 

5. ¿Cómo crees que afecta a la globalización? ¿Cómo crees que afecta a las tecnologías?

El vínculo entre la pandemia y la globalización es obvia. Como lo es su relación con la pérdida de biodiversidad y otros efectos derivados del cambio climático. Mientras respondía esta encuesta he escuchado en la radio que un equipo de investigadores de la universidad de Harvard han desarrollado un estudio que permite concluir que, en las ciudades con alto nivel de contaminación, la tasa de mortalidad por coronavirus es un 15% superior. Un dato para la reflexión, sin duda. La globalización no es reversible, probablemente ni siquiera es negativa, pero hemos de aprender a relacionarnos con ella con sensatez y con responsabilidad.

En cuanto a las tecnologías, esta crisis ha revelado a todo el mundo cómo pueden ayudarnos a comunicarnos y mantenernos informados. A muchísimas personas nos han permitido seguir trabajando. A las Administraciones les han permitido seguir gobernando. A la ciudadanía en general la han mantenido entretenida y conectada con sus seres queridos. A la sociedad civil le han permitido organizarse con fines solidarios, desde el #QuédateEnCasa hasta los aplausos de las ocho. Pero también hemos visto los peligros que entrañan esas tecnologías: vulnerabilidad, exposición, desinformación, falta de intimidad. También habrá que repensar nuestra relación con las tecnologías y con la inteligencia artificial, utilizada por ejemplo por Nuria Oliver en una iniciativa viral impulsada por la Generalitat en su lucha contra la COVID-19.

Para el cooperativismo, por ejemplo, nos quedamos con la certeza de algo que ya veníamos sospechando en los últimos años: en un mundo en el que las relaciones se amplían a golpe de internet, hay que explorar y explotar -sí o sí- el “cooperativismo de plataforma”.

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