Valencia 19/06/25. En los tres últimos años Europa ha sufrido dos grandes sacudidas que han modificado nuestra visión del mundo. La primera fue la agresión de Rusia a Ucrania en un guerra de conquista de un país soberano que sacudía los cimientos del sistema internacional y terminaba con la siempre frágil confianza de los países europeos en Rusia. La segunda ha sido la llegada a la Casa Blanca de un presidente que ha mostrado su hostilidad hacia la UE, su buena voluntad hacia Rusia, su desprecio hacia Ucrania y su intención de darle la vuelta al orden internacional basado en normas.
Con su conferencia “Los dilemas europeos en un mundo trastocado” el diplomático y escritor Fidel Sendagorta ha clausurado la trigésimo cuarta edición del Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Étnor que este curso se ha preguntado “¿Es posible llegar a entenderse en una sociedad pluralista?”
Cambio de era
En opinión del ponente, la llegada de Trump a la presidencia de EE. UU. supone un desencuentro muy profundo con el principal aliado militar de Europa y su primer socio económico, un país con el que comparte grandes afinidades culturales pero con el que se plantean “diferencias muy serias no solo en materia comercial o de seguridad sino también en la cuestión central de los valores que se suponían compartidos”. Considera Sendagorta que Trump y sus políticas populistas son producto de “poderosas tendencias internacionales de nuestro tiempo como son el retorno de la política de poder, el retroceso de la globalización, la batalla tecnológica, el declive demográfico y la fortaleza del nacionalismo como ideología ampliamente extendida.
En términos históricos, la figura de Trump marca un cambio de era porque pretende recuperar la grandeza perdida librando a su país de las cargas que conlleva ser la potencia hegemónica de los últimos cien años, explica Sendagorta. Considera el presidente de EE. UU. que de esta forma el país tendrá mayor libertad y mayores recursos para competir con China, su único rival serio. Y aquí se cruzan dos estados de ánimo, “el proyecto de Trump quiere ser ilusionante para sus partidarios pero trasluce cierto pesimismo sobre el momento histórico que vive EE. UU”. En China, por el contrario, se aprecia una disposición optimista en su análisis, “los vientos de la historia favorecen a China en su pretensión de volver a la cima del poder mundial”. EE. UU. sigue teniendo la mayor economía del mundo, una gran capacidad de innovación tecnológica, un considerable poder militar y mejor situación demográfica que otros países desarrollados, pero, a juicio de Sendagorta “el factor anímico tiene un peso considerable a la hora de evaluar la relación de fuerzas entre las dos mayores superpotencias”.
La respuesta de Europa
En este escenario, la UE ha adoptado relevantes decisiones como la aprobación de un fondo de 150.000 millones de euros para financiar proyectos de defensa entre los países miembros; la flexibilización de las normas que establecen un límite del déficit fiscal para inversiones en la industria de la defensa; o las medidas en las que trabaja la Comisión Europea para lograr una mayor integración de los mercados nacionales para equipos de defensa. Y aquí, expone Sendagorta, se abre un debate sobre cómo edificar la defensa de Europa y “una opción que está en consideración es la de mantener a la OTAN como estructura fundamental de la defensa europea”.
Europa debe convertirse en “un actor geopolítico capaz de hacerse respetar en un mundo de grandes potencias depredadoras”, pero hasta entonces se enfrenta a decisiones de estrategia diplomática que no pueden esperar. Una de ellas es su posición hacia China, si debe promover un acercamiento con Pekín o “jugar la carta China” y aunque se ha producido gestos en esta dirección, “no todos los estados miembro están convencidos de la oportunidad de este acercamiento”, aunque, recuerda Sendagorta, los vínculos entre la UE y China no son solo una derivada de la rivalidad entre EE. UU. y China, “Europa definió ya en 2019 su multifacética relación con China como socio, competidor económico y rival sistémico”.
Europa empieza a pensar geopolíticamente, se fortalece con mayor inversión en defensa y juega sus cartas para mejorar su equilibrio de poder con las grandes potencias. Pero en paralelo, también sigue otras estrategias y una de ellas es la de convertirse en líder de un orden internacional abierto y con normas, para el que sigue habiendo una demanda por parte de estados afines y de los países del Sur Global.
Estamos ante el final de un ciclo histórico en el que EE. UU. ejercía una hegemonía incontestada, concluye Fidel Sendagorta. Los europeos tenemos que adaptarnos a esta realidad pero no admitir que esto implique el fin de un orden internacional basado en normas, por imperfecto que sea, y el retorno a un sistema fundado exclusivamente en las relaciones de poder, “la misión de la UE en esta fase histórica sería, precisamente, defender este orden”.
Acto de clausura
La apertura del acto de clausura ha contado con las intervenciones de la rectora de la Universitat de València, Mavi Mestre y de Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universitat de València y directora académica de Étnor. En la clausura, el presidente de Étnor, Pedro Coca, ha tenido palabras de recuerdo para las víctimas y damnificados por la DANA con mención expresa a los jóvenes, “que han demostrado su capacidad solidaria llenando el futuro de esperanza”, y a las empresas, “unas por el pundonor con el que han superado los daños sufridos; otras por la solidaridad demostrada”, lo que, en su opinión, “confirma la relevancia de la empresa como un actor principal de la sociedad civil”.