La científica del CSIC afirma que las pandemias son la guerra del futuro, que España debe prepararse a todos los niveles y dedicar el mismo presupuesto que en Defensa a I+D

La viróloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Margarita del Val (Madrid, 1959), es responsable de la plataforma Salud Global, creada para hacer frente a las pandemias, aunque ahora todos los esfuerzos se centran en el Covid-19, y en la que colaboran 200 grupos multidisciplinares de investigación.

 

¿Cuál es el objetivo de la plataforma? 

Se busca atraer a grupos de investigación interesados en aplicar su conocimiento en un reto nuevo para la sociedad. Aprender a enfrentar las pandemias desde la investigación, no solo la del coronavirus, donde tenemos el foco puesto, también las futuras. Sabemos que surgen a lo mejor dos epidemias cada tres o cuatro años de distintos virus en China, regularmente respiratorios, muy mortales pero que se controlan y no salen de allí. Los países del sudeste asiático están mejor preparados porque, además, vivieron una muy fuerte por el hermano de este coronavirus, el SARS de 2003. El objetivo es estar listos para otras pandemias, que no nos pillen sin el conocimiento, porque nadie en Europa ha vivido una  de este estilo desde la gripe de 1918.

¿Qué especilidades se incluyen en estos equipos?

La plataforma ha reclutado a grupos de investigación multidisciplinares, desde la economía, la demografía, la ingeniería, la inteligencia artificial, la biomedicina, la virología, la inmunología, hasta las matemáticas, la física, la química y la psicología.

¿Con qué recursos cuenta?

No hay prácticamente financiación oficial; contamos con una dotación de cuatro millones de euros del Ministerio de Ciencia para el desarrollo de dos vacunas que se empezaron en enero, en el Centro Nacional de Biotecnología, en el grupo de los doctores Esteban y Enjuanes, justo cuando se conoció la secuencia del material genético del virus y antes de que hubiese casos en Europa y España. El resto de la investigación se financia a través de donaciones de empresas privadas que lo hacen de forma genérica para toda la plataforma o en iniciativas concretas.

¿Qué se sabe del Covid-19?

Es un virus de material genético variable, de ARN. Sin embargo, los coronavirus son los virus de ARN más grandes y menos variables de todos, porque cuando multiplica su material genético tiene una correctora de pruebas que hace que se equivoque mucho menos. Muta menos que el virus de la gripe, del sida o el de la hepatitis C. Está adquiriendo algunas variantes –el del Reino Unido es un pelín distinto al de España– que nos permite trazarlo y saber de quién se ha contagiado una persona si tiene el virus idéntico o si se ha reinfectado al tener dos virus distintos.

¿Por qué hay tanta diferencias entre comunidades autónomas?

En las comunidades autónomas que tienen más casos, el porcentaje de mortalidad es mucho más alto. No es que haya más número de muertos, sino que la tasa de los que mueren entre los enfermos es más alto porque el tratamiento no puede ser igual de bueno por la saturación de la sanidad. Hay que bajar radicalmente el porcentaje de casos, porque, si no, la tasa de mortalidad será más alta. Siempre es exponencial, siempre es multiplicativo con la epidemia.

¿Cuáles son las líneas de investigación que siguen?

Trabajamos en estrategias a corto, medio y largo plazo. A corto y medio plazo intentamos saber qué parte de la población ha pasado ya la enfermedad y está razonablemente inmune frente a una nueva infección. Esto es importante porque si la tasa es muy baja, quiere decir que la mayor parte de la población sigue vulnerable. No tenemos aún datos. Otra es trazar por dónde se mueve el virus y los contagios. Con inteligencia artificial se están desarrollando aplicaciones para seguir nuestros contactos de forma anónima, respetando la ley de protección de datos europea. Por ejemplo, si ha estado con alguien infectado, le llegará un mensaje al móvil con la recomendación de aislarse, ya que es probable que lo esté y sea vehículo de transmisión. Y con la secuencia del material genético se puede saber por dónde viaja. Hay un primer estudio del Instituto de Salud Carlos III que dice que parece que el de Andalucía se asemeja algo más al virus del Reino Unido que al de otras versiones de España. Además del lanzamiento de ensayos clínicos con antivirales que ya se usaban para otras enfermedades ahora que el sistema sanitario está menos saturado. El reposicionamiento de estos fármacos, como se llama, para el tratamiento del Covid tiene la ventaja de que ya no hay que hacer ensayos previos en animales de toxicidad, seguridad ni de eficacia. Y a largo plazo, las vacunas, que van a toda velocidad.

¿Cuándo estará disponible la aplicación?

Ya está disponible y tiene que adaptarse a los distintos países, el desarrollo es paneuropeo. En España se está adaptando, es cosa de ingeniería de las grandes compañías de telecomunicaciones y de voluntad política. Hay que implantarlo ya para aislar selectivamente a las personas infectadas y a sus contactos; debemos bajar drásticamente el número de casos, no podemos vivir confinados indefinidamente. Esto debió hacerse en la primera oleada, como en Singapur, Corea del Sur o China. Es verdad que ellos respetan mucho menos la privacidad, pero aquí se ha desarrollado garantizando la normativa europea, el máximo nivel en el mundo. Hay que tolerarla y apoyarla.

¿Cuándo llegará la segunda oleada del virus?

No se puede calcular, hay que estar preparados para que sea en cualquier momento. En Singapur han enlazado la primera con la segunda, pese a la cuarentena de 14 días que se imponía a los viajeros. En Hong Kong ha sido cuando volvieron los hongkoneses que se habían ido por miedo a la epidemia. No podemos confiar que sea en otoño.

¿Qué nivel de financiación sería el eficaz para hacer frente a futuras pandemias?

Esta es una de las guerras de futuro, porque con la globalización y el cambio climático las pandemias pueden ocurrir en cualquier momento. Ya tenemos el dengue en el Mediterráneo. La opinión de los que trabajamos en infecciones y que vemos la epidemia con espanto desde enero es que deberíamos estar muy preparados a todos los niveles, tener también una especialidad en economía de pandemia para ser lo más eficaz posible en comprometer lo menos posible el sistema económico y a la sociedad. La financiación, por tanto, debería ser al nivel del Ministerio de Defensa, así de tremenda, debería subir de manera exponencial entre el 25% y el 50% anual. Ahora se está viviendo casi de donaciones y esto es un fallo del sistema. La financiación ha bajado a la mitad tras la crisis económica de 2009, al contrario que en el resto de países europeos que la subieron; la investigación no se crea de la noche a la mañana, es una labor de tiempo, hay que formar, y se nos ha ido muchísima gente joven. El Instituto Carlos III está dotando con 24 millones de euros a la investigación médica, a nivel de pacientes, pero hacen falta recursos en la básica para proveer de nuevos antivirales, hacer reposicionamientos de fármacos, para saber por dónde se está moviendo el virus, y hacer nuevos desarrollos de inteligencia artificial…, y esto no se crea de la noche a la mañana. La investigación no es un gasto, es una inversión, y la única salida para no vivir indefinidamente aislados del mundo.

Asia es el modelo, ¿en qué ha fallado España?

Ellos habían tenido un ensayo previo con otra pandemia, nosotros no. Lo importante es saber cómo aprendemos de lo que se ha hecho para hacerlo mejor. Si uno se pone en las botas de cualquiera que tenga que tomar decisiones, habrá visto que es muy difícil. No somos distintos al sudeste asiático. La falta de material de protección para los sanitarios ha sido un problema muy fuerte en España, en China no ha habido prácticamente sanitarios contagiados porque estaban todos muy bien protegidos. La analogía con la gripe, en mi opinión, ha hecho también mucho daño.

¿Qué retos quedan por delante?

Si creemos que vamos a poder vivir de China, mal vamos. Tenemos que producir y desarrollar en España las mascarillas, los respiradores, las vacunas, la investigación, porque será la manera de que nos llegue antes a los españoles, así de claro.

¿Se habla de que hay otros virus latentes en animales, en los mercados salvajes, y que pueden manifestarse en cualquier momento en humanos?

Los animales tienen sus propias infecciones. Cuanto más se parezcan a nosotros, más probable es que nos contagien. Por ejemplo, hay gripe y coronavirus en muchos animales domésticos que están en contacto con las personas: aves, camellos, focas, cerdos. La gripe de 2009 era una recombinación de un virus de aves, cerdo, sobre todo, y humanos. El  mayor transmisor de infecciones de animales hasta personas es el murciélago, el único mamífero que vuela y, además, muerde. Otro de los habituales es el mosquito, que transmiten las llamadas enfermedades tropicales (dengue…) y que están aumentando en España. Para conocer todo esto hay que financiar la investigación básica.

Respecto a los contagios de mascotas a humanos, ¿se sabe algo más?

Siempre decimos que, a nivel científico, nada es blanco o negro. La transmisión por mascotas es muy infrecuente, pero puede ocurrir. Se ha descrito más en gatos, pero realmente no hay que tomar unas precauciones tremendas. Aún no es significativo.

Una vez pasado el virus, ¿la persona curada es inmune?

Parece que, muy probablemente, sí. De nuevo, nada es blanco o negro. Se ha visto que la inmunidad de la población con otros coronavirus dura, por lo menos, dos o tres años. Lo que sí se sabe es que, en caso de que la inmunidad sea menos potente tras pasar una primera infección, aún no sabemos la razón, la segunda es inaparente o benigna, con lo cual, a efectos globales de población sí que estamos protegidos. Quien ha pasado la enfermedad, en general, sí está protegido; pero habrá excepciones.

Fuente: CincoDías