Vicente Serrano, Director Casal de la Pau

 

1.- ¿Como ha afectado la pandemia del COVID19 a tu organización? ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta?

Obviamente el Estado de Alarma decretado en sí supone una reducción de nuestros derechos en muchos ámbitos, además de la reducción de la actividad. El Casal de la Pau no lleva a cabo una actividad económica sino social, atendemos a personas reclusas y ex-reclusas, en situación de exclusión social y trabajamos por su reinserción y resocialización. Trabajamos así en tres niveles: atención en el Centro Penitenciario de Picassent mediante nuestro voluntariado y personal laboral, Acogida integral de personas reclusas en permisos, tercer grado y libertad condicional en nuestro Centro de Acogida y finalmente promoción de la mayor autonomía posible en pisos externos, como último estadio previo a su total reinserción.
Desde este punto de vista, el trabajo de nuestras trabajadoras sociales se ha visto gravemente reducido, dado que las administraciones han reducido así mismo su actividad, lo cual evidentemente afecta a nuestro trabajo. Así, tenemos a cuatro trabajadoras de nuestra plantilla con teletrabajo. El resto de la plantilla trabaja presencialmente para mantener el cumplimiento de los protocolos sanitarios ya que muchas de las personas residentes en el Centro de Acogida y en los pisos son consideradas de alto riesgo, así como en el cumplimiento de los Planes Individualizados de Reinserción, que se han visto reprogramados y que se centran en que las personas atendidas cumplan como el resto de la sociedad con el confinamiento, medidas de higiene, etc. Debemos señalar que muchas de estas personas sufren trastornos mentales, por lo que desde el voluntariado, alma mater del Casal de la Pau, llevan a cabo una labor de refuerzo y acompañamiento telefónico a estas personas, que está siendo fundamental y logrando las metas establecidas.
Sin embargo en cuanto a las personas acompañadas por el Casal de la Pau en el Centro Penitenciario de Picassent, no tenemos prácticamente comunicación directa ni datos fiables acerca de cuál es su situación. Han sido confinadas, como el resto de la sociedad, pero dicho confinamiento se ha elevado en grado, puesto que tienen un acceso muy restringido a la comunicación con el exterior. Últimamente y a través del SOJ de nuestra Asociación se ha podido abrir un canal de comunicación telefónica con las personas reclusas que reciben atención de nuestro voluntariado y será a partir de aquí cuando podamos analizar qué está sucediendo dentro del Centro Penitenciario. Pero para que nos hagamos una idea, la atención sanitaria por ejemplo, ya era deficitaria y objeto de análisis y crítica con anterioridad a esta pandemia. Por tanto, uno de nuestros objetivos tras la crisis será poder analizar lo que ha ocurrido en profundidad, que nos desasosiega. De momento es nuestro deber denunciar la opacidad y falta de comunicación que se ha impuesto indebidamente desde los centros penitenciarios a todas las personas recluidas en centros penitenciarios, vulnerando sus derechos y más aún, haciendo merma en su salud mental y psicológica.

En definitiva: la situación de confinamiento en las prisiones está llevando a situaciones insostenibles desde el Enfoque de los Derechos Humanos: La pandemia ha supuesto un mayor aislamiento de las personas que están cumpliendo condena, y a la ya insuficiente atención primaria de la salud en nuestras cárceles y a la vulneración del derecho a la salud se suma ahora la falta total de medios materiales y humanos para prevenir los contagios.

 

2. ¿Crees que tu sector empresarial, el gobierno y/o la sociedad civil debe realizar alguna acción en especial para paliar los efectos de esta crisis a medio y largo plazo?

A nivel de las autoridades se debería trabajar para que los Servicios, Sanitarios dependientes de las Instituciones Penitenciarias, sean transferidos a las Comunidades Autónomas, para su plena integración en los correspondientes Servicios Autonómicos de Salud, lo que garantizaría la equidad y calidad de la atención sanitaría de las personas reclusas. Esto ante pandemias como la actual supondrá una mayor claridad en cuanto a la verdadera situación que se está viviendo en los centros penitenciarios, además de una clara mejora de la atención.
Y también, se debe hacer un uso muchísimo más extendido de las nuevas tecnologías a todos los niveles, que realmente no suponen una gran inversión económica y permiten una mejora de la atención a los internos así como el control y seguimiento de internos que puedan cumplir en otros regímenes que no sean internamiento en centro penitenciario. Económicamente supondría un menor lastre para las arcas de la Administración y socialmente un avance a todas luces.

 

3. ¿Cómo crees que será el escenario posterior a la crisis? ¿Cambiará el tipo de relación con tus empleados, clientes, proveedores, y el resto de grupos de interés?
Atendiendo a que de momento no se ha encontrado tratamiento ni vacuna, es obvio que la sociedad y todas las relaciones interpersonales, sociales, laborales cambiarán, cuanto menos a medio plazo, viéndose reducidas y sometidas a nuevas formas y controles. Y en nuestro ámbito quizá más puesto que uno de nuestros mayores campos de trabajo es la resocialización, aportando desde el Casal de la Pau ese arraigo social y familiar que las personas reclusas y ex reclusas sin familias ni medios materiales tanto necesitan y que es fundamental para poder avanzar en su reinserción. Las nuevas tecnologías serán una herramienta principal ahora, pero habrá que buscar nuevas vías, nuevas formas.
A nivel personal, quiero pensar que esta profunda experiencia personal y colectiva de estar en confinamiento obligatorio durante un tiempo acerque las prisiones a la sociedad. En las últimas décadas vemos como la sociedad da la espalda sus cárceles, marginándolas de las amplias corrientes de solidaridad, como diciendo “eso no es nuestro, no nos incumbe”. Ahora, cuando millones de personas hemos experimentado lo que se sufre en aislamiento obligatorio, tal vez ahora se pueda cambiar la tendencia.
Espero una mayor comprensión, apoyo y solidaridad hacia nuestro colectivo. A partir de esta fraternidad con el que sufre aislamiento. Y espero también que crezca la conciencia social a favor de una política más ambiciosa de reinserción social de las personas reclusas. Y anhelo que más empresas abran su RSE a programas de inserción laboral de personas internas en prisión para ayudarles en una nueva oportunidad de vivir en libertad.

 

4. ¿Qué acciones ha llevado a cabo tu organización para ayudar a los más vulnerables en estos momentos?
Partiendo de nuestra iniciativa, con la gestión del Servicio de Orientación Jurídica de nuestra Asociación y con el apoyo de nuestros voluntarios hemos puesto en marcha un Acompañamiento telefónico entre nuestro voluntariado y las personas a las que hacemos seguimiento social y jurídico en la prisión para que este confinamiento no signifique su total asilamiento. Hay que tener en cuenta que el Casal de la Pau acompaña a personas reclusas que no tienen familia.
Hemos reforzado el trabajo de acompañamiento, atención y cuidados en los pisos y habitaciones donde las personas ex reclusas o que cumplen condena con el aval del Casal de la Pau están viviendo el confinamiento con nuestro apoyo. Aquí también hemos creado un puente telefónico de bienestar entre el voluntariado y estas personas.
Y hemos extremado todas las medidas y aplicado todas las directrices de las administraciones para la prevención del contagio en nuestro Centro de Acogida sito en la Calle En Llopis de Valencia, donde acogemos a personas reclusas y ex reclusas que por sus graves enfermedades son altamente vulnerables al COVID19.

 

5. ¿Cómo crees que afecta a la globalización? ¿Cómo crees que afecta a las tecnologías?
De momento es obvio que afectará a la vida en todos los sentidos, y esto se traduce también en un mayor control de los viajes, de las fronteras, de la libertad de circulación en la UE, de los transportes, de las mercancías, etc. La globalización persistirá pero en las redes, en internet, en las ideas, en los movimientos sociales que cobran fuerza a través de las redes sociales, y escaparán a ese control físico.
Sin embargo es obvio que a aquellos que tratan de escapar de la pobreza, de las guerras y del hambre y tratan de buscar refugio en Europa se verán todavía más castigados por esta situación. Hay que mantener la guardia para que esta pandemia no sirva de justificación para mermar los derechos de migrantes, sin papeles.

La humanidad no debe caer rendida a los discursos de dividirse, o encerrarse cada país en sí mismo. El Casal de la Pau por definición lucha por la libertad como el bien más preciado. La solución pasa por unirse más. Cada parte desde su libertad y respetándose. Compartir las ventajas de las relaciones humanas, también las económicas. La clave está en hacerlo de manera más justa, con un reparto más equitativo y sobre todo más humano y más sostenible. Los ODS no pueden ser la coletilla deben ser el centro de la acción de todos los gobiernos.
La crisis sanitaria mundial, se hace eco de la crisis medio ambiental y de las crisis humanitarias; La pandemia debe servir para concienciarnos de que somos una humanidad y debemos fraguar un único destino de paz, salud, libertad.
La tecnología nos ayudará a conseguirlo, pero por sí sola no puede cambiar las cosas. Antes está la educación, la unidad humana, la solidaridad a todos los niveles. La tecnología debe estar al servicio del interés común, en forma de servicios de acceso universal a la educación, la salud, el apoyo social y la dependencia. La tecnología debe estar al servicio de una nueva relación con el planeta y el medio ambiente y es clave.

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